¡¡¡Hola Belug@s!!!. Bolonia no se visita: se degusta. La capital de Emilia-Romaña es una ciudad donde la comida es identidad, orgullo y memoria.
Entre pórticos infinitos y calles medievales, se esconden lugares que resumen a la perfección el alma boloñesa. Estos sitios, muy distintos entre si, forman itinerarios perfectos para entender por qué aquí la mesa es casi sagrada y porque es nuestra visita a esta encantadora ciudad en apenas un año. ¿Empezamos?.
Pastís
Justo al lado del mercado de Bolonia se encuentra Pastís, uno de esos lugares que se nos quedó grabado. No es un sitio para desayunar ni para comer con prisas: es un bar de vermut, vinos y aperitivo, muy ligado a la vida cotidiana de la ciudad.


Entramos casi por intuición, atraídos por el ambiente. Gente de todas las edades de pie, charlando, copas en la mano, platos pequeños que van y vienen. Aquí el protagonista es el aperitivo y los acompañantes sencillos pero bien elegidos.



Compartir una copa y algunos bocados mientras observas el ir y venir del mercado, es toda una tradición. Fue uno de esos momentos en los que sentimos que no estábamos visitando Bolonia, sino formando parte de ella, aunque solo fuera durante un aperitivo.
Bottega Portanova
Bottega Portanova forma parte de la experiencia gastronómica de la ciudad. Aquí entendimos que en Italia el gusto no se limita al plato, sino también a la copa.
Entrar en esta histórica bodega es sumergirse en una forma de entender la tradición, el trabajo artesanal y la excelencia.

Está bodega nos recordó que Bolonia, no es solo cocina popular y trattorias, sino también elegancia discreta y respeto por lo bien hecho. Fue una pausa distinta, más estética, que equilibra perfectamente tantas horas de comer, aunque aquí también encontraréis algunos platos dignos de vuestra atención, así como embutidos de muchísima calidad.
Dal Brillo
Dal Brillo fue uno de esos lugares donde sentimos que estábamos comiendo exactamente donde teníamos que estar. El ambiente es animado, las mesas están llenas y la sensación general es la de un sitio auténtico, sin filtros ni concesiones al turismo.


Aquí compartimos platos contundentes, de esos que llegan al centro de la mesa y se disfrutan mejor entre dos. Pasta fresca, embutidos, quesos, sabores intensos, recetas que no necesitan explicación. Todo sabe a Bolonia, a cocina de verdad, a tradición viva.



No es un sitio silencioso ni delicado, pero es auténtico, y eso, en esta ciudad, es casi una declaración de principios.
Trattoria Fantoni
En Trattoria Fantoni sentimos que el tiempo se había detenido. Es uno de esos restaurantes donde el menú parece escrito desde hace años y donde cada plato transmite respeto por la receta original. Aquí no hay prisas, y comer se convierte en un acto casi ceremonial, familiar.



Nos sentamos, pedimos vino de la casa y dejamos que la comida marcara el ritmo. Compartimos platos clásicos, comentando sabores, recordando otros viajes y entendiendo por qué Bolonia es conocida por aquellos, que como nosotras, adoramos comer.



Fantoni fue uno de esos lugares donde no solo comimos bien, sino donde nos sentimos parte de la ciudad, de la familia.
Enoteca Italiana
Después de tanto comer, Enoteca Italiana fue el cierre perfecto. Un lugar pensado para disfrutar del vino con calma, para dejarse aconsejar y para bajar el ritmo del día. Aquí no se viene con hambre, se viene con ganas de saborear.


Probamos vinos italianos, compartiendo copas y conversaciones, haciendo balance del día y planeando el siguiente. Fue uno de esos momentos tranquilos que se recuerdan tanto como una gran comida.


La enoteca nos regaló un final íntimo y elegante, perfecto para dos, pero también para disfrutar con amigos, en un ambiente bullicioso y distendido, donde encontrar sitio no será tarea fácil, pero en el que si no te importa estar de pie, reconoceréis como vuestro lugar perfecto.
Este recorrido gastronómico no fue solo una lista de sitios donde comer, fue una forma de conocer Bolonia. Desde desayunos dulces hasta cenas largas, desde lo popular hasta lo refinado, cada lugar de esta ciudad muestra una pieza del carácter que tanto identidad le da.
Bolonia es generosa, intensa y auténtica. Y si algo aprendimos es que aquí todo sabe mejor cuando se comparte.
