ISLAS BALEARES: Nuestros Lugares Favoritos de Menorca

¡¡¡Hola Belug@s!!!. Situada en la parte nororiental del archipiélago balear, en el mar Mediterráneo, Menorca no es solo un destino de sol y playa, es el paraíso marino español por excelencia.  La ciudad de Mahón, en la costa este, alberga la sede del Consejo Insular de Menorca —entidad administrativa que ejerce de gobierno insular—, mientras que el municipio más poblado es Ciudadela, al oeste.

Durante este fin de semana hemos recorrido algunas de sus calas, pueblos y lugares de interés. Aquí os dejamos nuestros favoritos.

 

Que ver en Menorca

Parque Natural de S’Albufera des Grau

El Parque Natural de la Albufera des Grau ocupa unas 5.100 ha de la parte nororiental de Menorca y es en la actualidad el núcleo de la reserva de biosfera. La declaración de la albufera des Grau, principal zona húmeda de Menorca, como parque natural en el año 1995, fue la culminación de un proceso de conservación que había conseguido impedir varios proyectos urbanísticos que la amenazaban en la década de los 70.

Posteriormente, en 2003, se produjo un proceso de cambio de ordenación que amplió sus límites. Su espacio supone la representación, en buen estado de conservación, de los diversos hábitats naturales de la isla de Menorca: zonas húmedas, bosques de acebuches, estanques temporales, sistemas dunares, praderas de fanerógamas marinas e islotes costeros. Hábitats que albergan una gran biodiversidad con numerosos endemismos y especies tan destacables como el águila pescadora o la lagartija balear.

La albufera des Grau es una laguna de 70 hectáreas de superficie y uno de los ecosistemas más peculiares de la isla. Tiene hasta 3 metros de profundidad y alberga poblaciones de plantas acuáticas como la Ruppia cirrhosa o el Potamogeton pectinatus que, junto a algunas poblaciones de peces, hacen que sea un lugar de estancia y reposo para multitud de aves acuáticas, como la focha común (Fulica atra) o el águila pescadora (Pandion haliaetus).

El hecho de que algunas fuentes se hayan secado y, sobre todo, la sobreexplotación de los acuíferos, ha originado cambios en el régimen hidráulico. Esto ha provocado la obligación de controlar permanentemente el contacto del agua de la albufera con la del mar en la actualidad.

El litoral, y en particular sus islotes, por sus duras condiciones de vida (viento, sequía, sal…) son un paraíso para ciertos endemismos. Plantas como los socarrells y animales como la lagartija balear habitan en estos lugares, único sitio del mundo donde se pueden encontrar, donde además están libres de competidores.

Dentro del mar y en las calas de fondo tranquilo hay importantes praderas de Posidonia oceanica y Cymodocea, que sirven de refugio y alimento a numerosas especies, además de ser la “fábrica” de la arena que encontramos en las playas. El mosaico agroforestal existente dentro del parque se caracteriza por la alternancia de superficies de pasto y cultivos con superficies arboladas, y es uno de los hábitats donde encontraremos una mayor diversidad de flora. Para mantener este mosaico es imprescindible seguir con la actividad rural del parque, lo cual se ha convertido en uno de los principales objetivos de su gestión.

Se trata de una actividad que se remonta a tiempos antiguos, como se puede apreciar a través del rico patrimonio etnológico (pozos, barracas) y prehistórico (talayots) que encontramos en el parque.

Faro de Favàritx

El de Favàritx es el último de los tres grandes faros que cubren el territorio marítimo de la costa norte de Menorca. Como sus dos antecesores, su construcción vino propiciada por la gran cantidad de naufragios ocurridos en los alrededores de esta pintoresca zona geológica de la isla. Hoy en día, el entorno natural de Favàritx, con su característica piedra negra, lo convierten en uno de los faros más visitados. Es por ello que las instituciones públicas han decidido regular el acceso, con la intención de preservar el entorno natural del faro y sus inmediaciones.

La construcción de la torre, de 28 metros de altura, comenzó en el año 1917. Sin embargo, la finalización de las obras se demoró hasta 1922 debido a problemas con la propiedad del terreno y a la falta de fondos. La peculiar banda negra en espiral es la principal seña de identidad de la torre.

Playa de Binimel-la

Pertenece al municipio de Es Mercadal, y esta situada entre la punta de Sa Marineta y sa Punta de na Batlé. Cercana a Cala Pregonda es por muchos considerada una de las mejores playas de Menorca.

Binimel·la no es un lugar demasiado frecuentado en los meses de verano, aunque desde que se reformó un poco la carretera tiene bastantes mas visitas.

Además de contar con un aparcamiento relativamente grande, también cuenta con un restaurante a solo 5 minutos de la playa, en el cual te servirán con gusto y atención. Desde el aparcamiento a la playa, pasamos por una pequeña laguna de agua dulce en la que suelen habitar algunos animales.

Con unos 150 metros de ancho, la arena de esta playa es de carácter grueso y con tonalidades un poco oscuras. Agradable al baño, hay que tener cuidado con las rocas lisas que puedan aflorar en el fondo del mismo rompiente.

Cala Morell

Cala Morell está a 11 kilómetros de Ciutadella, situada entre las puntas de Llevant y de sa Tortera, así como dentro de la ensenada Cul de sa Ferrada. Esta playa se ha convertido en el tramo de litoral de la urbanización homónima que se ha construido a su alrededor.

Este entrante de mar se caracteriza por tener forma de ele, un talud de cantos rodados y arena, acantilados agrestes, abruptos y de mediana altura flanqueándola, una vegetación escasa en sus inmediaciones, una exposición a los vientos del cuarto cuadrante, una brisa ligera, un agua tranquila, una pendiente suave, un fondo de arena y algas, así como una afluencia mediana de bañistas locales y turistas.

Desde la orilla de esta playa y mirando a los cantiles de cada uno de los márgenes se podrán conocer los dos tipos de sustrato geológico que componen Menorca. A la derecha se ven los terrenos más antiguos (periodo primario y secundario), mientras que, a la izquierda, las rocas ya pertenecen al periodo terciario. En sus cercanías se halla un barranco, donde se han descubierto 15 cuevas de la Edad de Hierro (800 años a.C.).

El acceso por carretera es sencillo siguiendo la señalización. Las ordenanzas municipales prohíben el acceso a las playas de los animales de compañía por razones de seguridad e higiene.

Cala Sa Mesquida y Cap-Roig Restaurant

Es una cala de arena fina y blanca, de unos 300 metros de longitud, dispone de una espaciosa zona para bañarse, ya que los barcos no pueden fondear cerca de la costa.

Muy frecuentada durante todo el verano, especialmente en Agosto, ofrece servicio de socorrista en temporada alta.

Dispone de un espacio bastante limitado para aparcar, lo que le da exclusividad a los afortunados que encuentran parking si vienen en coche.

Sa Mesquida está enmarcada a su derecha por un saliente, presidido en lo más alto por una antigua torre de defensa, construida en el 1799 por los ingleses, utilizada para evitar incursiones de los ejércitos franco-españoles durante la tercera dominación británica. A su izquierda un montículo de unos 50 metros de altura denominado «Es Pa Gros», ideal para sacar fotos y contemplar la espectacular panorámica de la zona.

Antes de llegar a la playa, pasando por la urbanización, tenemos también el gran islote de «Sa Bateria Amagada», unido a tierra por una pasarela, en la que se encuentra ubicada una colonia veraniega compuesta por un buen número de casitas, chalet y con unos puestos de amarre para embarcaciones menores.

Forlaleza de la Mola

La importancia militar del puero de Mahón ha sido bien patente durante siglos, especialmente desde el siglo XVI, en que los condicionamientos políticos lo convirtieron en escala marítima, del enlace de la Corona de España con sus posesiones italianas, después, durante el dominio británico de Menorca fue el puerto de apoyo de la escuadra inglesa del Mediterráneo, para convertirse por último en el siglo XIX en la encrucijada de la ruta francesa de Tolón – Argel con la ruta mediterránea inglesa de Gibraltar a Malta.

Las dimensiones del puerto, su calado, y protección de los vientos dominantes del Mediterráneo Occidental, lo hicieron uno de los mejores del Mediterráneo, según la conocida frase del almirante genovés Andrea Doria ‘Julio, Agosto, y puerto Mahón, los mejores puertos de Mediterráneo son’. Esto fue así, sobre todo, en la época en que la navegación a vela surcaba los siete mares y los desplazamientos de estos navíos permitían al puerto albergar las mayores flotas de aquellos tiempos.

Esta condición del puerto de Mahón quedó reconocida y subrayada por las fortificaciones que se levantaron a ambas orillas de la bocana del puerto desde tempranos tiempos, primero, en la orilla sur con el castillo de San Felipe, a partir de 1555, y después, en la orilla norte, desde 1848, e incluso antes.

El castillo de San Felipe, trazado por J.B. Calvi en 1555, se amplió varias veces en el periodo español (1555 – 1808), y a la llegada de los ingleses en 1708, se reforzó con una serie de obras que formaron doble recinto de defensa, levantando también el fuerte Marlborough, en la orilla sur de la Cala San Esteban.

En la Mola, ya en el siglo XVI, el Gobernador Moncayo el año 1541 había aconsejado la construcción de una ‘fuerza’, que Calvi, acabó por descartar años después, cuando decidió la construcción de San Felipe en la otra orilla del puerto. Fueron los ingleses, en 1708, los que iniciaron allí el fuerte de Santa Ana, que consistió en una línea quebrada, formando un hornabeque cubierto por revellín, que cerraba el paso de la Mola desde los Freus.

El fuerte Santa Ana de la Mola, no llegaron nunca a terminarlo los ingleses, según la traza proyectada por el ingeniero Durand; no obstante, durante años estuvieron destinados allí una serie de oficiales a la espera de ver terminada la fortificación.

Años después (1799), los ingleses construyeron en la Mola dos torres de defensa: Saint Clair (Cala Teulera) y Erskine (Princesa).

Pero la fortaleza de la Mola que ha llegado hasta nuestros días es una obra española, iniciada después de la demolición del castillo de San Felipe, como consecuencia de la reactivación de las tensiones internacionales en el Mediterráneo Occidental, cuando Francia ocupó Argelia.

Menorca, después de la segunda destrucción de la fortificación de San Felipe, en la primera mitad del siglo XIX, permaneció casi sin defensas, pero el creciente antagonismo anglo-francés de la década de los años 1840, por el cruce de sus rutas mediterráneas, obligó a España a fortificar de nuevo la isla.

Antes de que el Gobierno aprobara el nuevo criterio defensivo de Menorca, los acontecimientos internacionales se precipitaron, llegándose a decir en la Cámara de los Lores británica que si España no defendía la isla, Inglaterra tomaría las medidas oportunas para evitar su ocupación por otra potencia.

Cales Coves

Si seguimos por la carretera de Torralba hacia el sur encontraremos la carretera de Cala’n Porter, la cual hemos de coger hacia Sant Climent para girar después a la primera desviación a la derecha. En los acantilados que forman las dos calas se abren unas noventa cuevas picadas de manera artificial a la roca. Es la necrópolis talayótica más importante de Menorca.

Se comenzaron a picar las primeras cuevas en la Edad de Bronce y en su interior se llevaba a término el rito de inhumación, mientras que las más grandes y accesibles ya son de la Edad del Hierro y combinaban el rito de enterramiento con cal y cremaciones.

 

Prácticamente ya se han excavado todas las cuevas y el material se ha depositado en el Museo de Menorca. En la época romana ya no se utilizó como una necrópolis, pero aún era visitada a mediados de mayo donde se hacía un peregrinaje religioso. Así lo testifican las lápidas grabadas en una de las cuevas, la Cueva d’es Jurat. Cales Coves también era importante por ser un lugar idóneo para fondear barcos, y por esto su fondo marino estaba lleno de restos arqueológicos que también se han extraído y se han llevado al Museo.

Ciuiutadella y Can Rafa 

El sol de la tarde tiñe de oro las imponentes fachadas de los palacios de antiguos señores en la plaza del Borne. El epicentro de un pueblo que se siente ciudad, o ciudad que conserva su carácter tradicional, regio, estoico como la piedra que lo caracteriza.

Ciutadella es, en esencia, mediterránea. No solo por rozar la costa oeste de la isla y abrazar gran parte del poniente. Sino por su intrínseca relación con el mar, conexión latente desde tiempos inmemoriales. Y que, a día de hoy, se refleja en su sector pesquero. Pero también en la sal que baña las calles, el mercado central que a diario acoge las capturas y en los platos que llenan los restaurantes tanto del puerto como de la ciudad.

Cultura e historia se funden en sus calles empedradas. Las numerosas manifestaciones religiosas dan fe del pasado peso eclesiástico, culminado en la Catedral de Santa Maria. Mientras, cada junio se convierte en capital del archipiélago, bajo el flujo de la noche más corta del año: Sant Joan.

Torre Castillo de Sant Nicolau

orre de defensa y vigilancia costanera destinada a la vigilancia de la bocana del puerto de Ciutadella y construida según planos del ingeniero militar Josep Castellón entre 1680 y 1682. Su nombre tiene origen en la pequeña ermita que antes ocupaba su lugar.

El edificio es de planta octogonal con pie en talud tallado en la roca y fosado perimetral con puente de madera delante de la puerta. La decoración de la portalada consta de una cariátide y un atlante rematados con tres escudos reales, que se realizaron en el año 1990 para sustituir a los originales, que estaban muy deteriorados.

La torre tiene un foso excavado en la roca de 8 metros de amplitud y 2 metros de fondo que rodea su perímetro. El acceso a su interior se realiza mediante una puerta rectangular con dintel decorada a partir de elementos de decoración barroca.

En su interior, una columna central sostiene la vuelta sobre la que se sitúa la plataforma de artillería. Encontrareis también una escalera de caracol encastada en uno de sus muros laterales que comunica las diferentes plantas.

El Faro de Cavalleria 

Su construcción fue diseñada para acabar con los muchos naufragios que se sucedían en la zona norte de la isla de Menorca. Entre los siglos XIV y XIX, la zona norte de Menorca fue testigo de más de 700 naufragios, por lo que el echo de poder iluminar la costa menorquina, se convirtió en una prioridad.

Se inauguró en el 1857 con el fin de detener dichos naufragios, pero aun así se seguían sucediendo, en menor cantidad pero no se arregló correctamente el problema… El faro estaba ubicado en la zona central del norte, pero la isla es demasiado extensa como para cubrir su totalidad, por lo que esta fue una de las razones por las que se construyeron los faros de Punta Nati y Favaritx, otra de las razones fueron los naufragios de dos importantes barcos franceses en las costas menorquinas.

Este faro fue proyectado por Antonio López y Montalvo y es el único faro que sigue en funcionamiento, de los 4 que diseñó. Se encuentra muy cerca de uno de los acantilados más altos de la isla, este mide 94 metros de altura sobre el nivel del mar.

Aunque no ha tenido modificaciones exageradamente importantes a lo largo de la historia como aumentar la altura de la torre, cambiando así la estructura base, si que se han ido haciendo modificaciones por ejemplo con el modo de funcionar, y se han ido cambiando las ópticas del faro.

 

Menorca tiene miles de rincones que descubrir, cientos de experiencias gastronomicas que disfrutar y decenas de playas en las que bañarse, pero nuestro viaje solo ha durado dos días, así que ya tenemos la excusa perfecta para volver. Y vosotr@s, ¿hasta cuando dejareis escapar esta perla del Mediterráneo?.

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